El pasado 4 de noviembre murió en la ciudad de
Bogotá, Rocío Díaz Monsalve tras una lucha de varios años contra un cáncer
cerebral. Fue una mujer colombiana, que trabajó comprometidamente para mejorar
las condiciones de vida de miles de personas en varios países de la región. Nació
en Cucutá, una ciudad al norte del país, y como ella misma decía: "tenía sangre
de indio motilón". Aunque, ella se refería más al color de su piel o la textura
del cabello, era evidente que corría por sus venas el valor y la capacidad de lucha de sus
antecesores.
Contaba con una fuerte inclinación social desde los
inicios de su formación. Su padre promovió en ella una
actitud crítica y analítica de la realidad social, además del amor por los deportes, especialmente la natación.
Conoció de cerca los estragos de las acciones de la guerrilla, los paramilitares, y demás fuerzas armadas en las poblaciones rurales del país. Trabajó inicialmente como ingeniera civil, actividad que le permitió conocer de primera mano la realidad de la pobreza y la violencia en Colombia.
Conoció de cerca los estragos de las acciones de la guerrilla, los paramilitares, y demás fuerzas armadas en las poblaciones rurales del país. Trabajó inicialmente como ingeniera civil, actividad que le permitió conocer de primera mano la realidad de la pobreza y la violencia en Colombia.
En 1998 viaja a España para estudiar Salud Pública
y Gestión Sanitaria en la Escuela Andaluza de Salud Pública. Además de la formación básica de la maestría, profundizó
con el módulo de Cooperación Internacional, área en la cual trabajó desde su
regreso al país.
En Ecuador laboró durante varios años, con el
Proyecto Integral de Salud para la Provincia de Esmeraldas de la Unión Europea
y el Ministerio de Salud Pública del Ecuador, donde desempeñó inicialmente el
cargo de Asistente Técnico Internacional y posteriormente Co-directora
Internacional. En Venezuela fue Co-directora internacional en un proyecto de
ECHO para la prevención de desastres en una zona de alto riesgo geológico.
Entre el 2008 y el 2009 en Ecuador, asesoró a la
Dirección Provincial de Salud, en el marco del Programa Salud y Medio Ambiente
de Esmeraldas, de la Cooperación Técnica Belga y la Municipalidad de
Esmeraldas. El último cargo lo desempeñó durante algunos meses en Quito, en un
programa para mejorar el acceso a agua potable para varias provincias.
Son múltiples las personas beneficiadas directa o indirectamente
del trabajo de Rocío; defensora del programa Escuelas Promotoras de Salud
implementado en un alto número de instituciones educativas de la provincia de
Esmeraldas, líder incansable para mejorar el acceso a sistemas de agua
potable para las poblaciones más pobres, y una ferviente impulsora de mejorar
la formación y las capacidades técnicas como base para el desarrollo social.
Para quienes tuvimos la fortuna de conocerla, nos
quedan las grandes enseñanzas de su optimismo, respeto por el otro, sensibilidad
social, solidaridad, generosidad, una sonrisa sincera y una mano siempre para
ayudar. Gracias a esa gran mujer, profesional, hija, madre, hermana y amiga.
Liliana Mora León
leer por primera vez algo de Rocío es un reto para mí
ResponderEliminar. porque sentí el rocío de su energía,
siento que fue una luz en el camino ,
camino que nunca deben
dejar oscurecer sus familiares y amigos.
que siempre caiga en la pradera verde de la vida
el rocío inolvidable de Rocío...